miércoles, 9 de noviembre de 2011

Salmos 84

1 ¡Cuán hermosas son tus moradas,
      Señor *Todopoderoso!
2 Anhelo con el *alma los atrios del Señor;
      casi agonizo por estar en ellos.
   Con el corazón, con todo el cuerpo,
      canto alegre al Dios de la vida.

   3 Señor Todopoderoso, rey mío y Dios mío,
      aun el gorrión halla casa cerca de tus altares;
   también la golondrina hace allí su nido,
      para poner sus polluelos.
   4 *Dichoso el que habita en tu templo,
      pues siempre te está alabando. *Selah
5 Dichoso el que tiene en ti su fortaleza,
      que sólo piensa en recorrer tus sendas.
6 Cuando pasa por el valle de las Lágrimas
      lo convierte en región de manantiales;
   también las lluvias tempranas
      cubren de bendiciones el valle.
7 Según avanzan los peregrinos, cobran más fuerzas,
      y en *Sión se presentan ante el Dios de dioses.
   8 Oye mi oración, Señor, Dios Todopoderoso;
      escúchame, Dios de Jacob. Selah
9 Oh Dios, escudo nuestro,
      pon sobre tu ungido tus ojos bondadosos.
   10 Vale más pasar un día en tus atrios
      que mil fuera de ellos;
   prefiero cuidar la entrada de la casa de mi Dios
      que habitar entre los impíos.
   11 El Señor es sol y escudo;
      Dios nos concede honor y gloria.
   El Señor brinda generosamente su bondad
      a los que se conducen sin tacha.
   12 Señor Todopoderoso,
      ¡dichosos los que en ti confían!

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